Los precios del petróleo se acercan a los $100 por barril, y el presidente Trump tiene pocas herramientas efectivas para detener el aumento. Las palancas habituales de la administración —desde liberaciones estratégicas hasta presión diplomática— parecen débiles o no disponibles, dejando al mercado en gran medida a su propio impulso.
Por qué el arsenal del presidente está casi vacío
Trump ha pedido repetidamente precios más bajos del petróleo, pero sus opciones son limitadas. La reserva estratégica de petróleo de EE.UU. ya se ha reducido significativamente, y la OPEP+ ha mostrado poca disposición a aumentar la producción. Sin un cambio importante en la oferta o la demanda global, la Casa Blanca puede hacer poco para limitar directamente los precios.
Qué apuestan los mercados de predicción
Los apostadores ven una posibilidad real de que el petróleo supere su máximo histórico. Los mercados de predicción actualmente dan una probabilidad del 8.3% de que el petróleo alcance un nuevo récord antes del 30 de septiembre. Esa probabilidad salta al 17.5% para el 31 de diciembre. Las cifras reflejan la creciente ansiedad por la oferta ajustada y los riesgos geopolíticos.
El umbral de los $100 es más que psicológico. Para los consumidores, un petróleo más caro significa gasolina más cara, facturas de calefacción más altas y una amplia gama de bienes más costosos. Para el presidente, es un dolor de cabeza político en una temporada electoral donde los costos de la energía ya son un tema candente.
Hasta ahora, la administración ha recurrido a la retórica y a los llamados a los productores nacionales para que perforen más. Pero las empresas petroleras estadounidenses han sido cautelosas, priorizando los retornos para los accionistas sobre la expansión rápida. Esto deja al mercado apostando a si eventos externos —una interrupción del suministro, un aumento repentino de la demanda o una sorpresa política— llevarán los precios a territorio récord.




