Lo que dijo Armstrong
En una publicación en X, Armstrong argumentó que el ajuste de dificultad incorporado de Bitcoin garantiza que los bloques sigan fluyendo independientemente de cuánto poder de hash abandone la red. Respondía a los temores de que los mineros que se pasan a la IA podrían debilitar la seguridad de Bitcoin o socavar su valor. Su punto: la red se autocorrige. Si el poder de hash disminuye, la dificultad disminuye y la minería sigue siendo rentable para quienes se quedan. El precio, dijo, está impulsado por la demanda, no por cuántas máquinas están funcionando.
Por qué el momento es importante
El debate no es nuevo, pero se ha intensificado este año. Varias grandes empresas mineras han redirigido parte de sus operaciones hacia cargas de trabajo de IA, buscando mayores márgenes. Ese cambio ha generado preocupación entre algunos tenedores de Bitcoin que temen que una base minera reducida haga la red más vulnerable. La intervención de Armstrong —desde el CEO del mayor exchange de EE. UU.— es una señal de que el liderazgo de la industria considera esto como un malentendido que vale la pena corregir.
El ajuste de dificultad, explicado
El protocol



