Las profundas divisiones internas de Irán están proyectando una larga sombra sobre las posibles negociaciones entre Estados Unidos e Irán, lo que genera dudas sobre si se puede alcanzar un acuerdo y, si se logra, si se mantendrá. Las fracturas, que enfrentan a los halcones contra los moderados dentro del liderazgo iraní, ya están desestabilizando la región y minando la confianza del mercado en un futuro acuerdo.
Qué divide a Teherán
La fractura no es nueva, pero se ha ampliado en los últimos meses. Los halcones en el parlamento y el aparato de seguridad de Irán argumentan que cualquier negociación con Estados Unidos equivale a una concesión a Occidente. Los moderados, incluidos algunos en el ministerio de Relaciones Exteriores, ven las conversaciones como la única manera de levantar las paralizantes sanciones económicas. El resultado es un gobierno que habla con dos voces: una abierta al diálogo y otra abiertamente hostil.
Esta lucha interna ya ha retrasado la respuesta de Irán a los acercamientos informales de Estados Unidos. Diplomáticos familiarizados con el canal de comunicación dicen que Teherán aún no ha nombrado a un negociador principal, una señal de que el liderazgo no puede ponerse de acuerdo sobre un mandato. Sin una posición unificada, cualquier conversación que comience será frágil desde el primer apretón de manos.
Por qué los mercados están atentos
Los inversores habían comenzado a descontar un deshielo. Los operadores de petróleo, en particular, habían apostado a que un acuerdo entre EE.UU. e Irán podría traer el crudo iraní de vuelta a los mercados globales, lo que potencialmente reduciría los precios. Pero el ruido político proveniente de Teherán ha revertido parte de ese optimismo. La prima de riesgo sobre el petróleo de Oriente Medio ha aumentado en las últimas semanas, y los mercados de divisas en el Golfo han mostrado nerviosismo.
“El mercado ya era escéptico sobre un avance rápido”, dijo un analista de materias primas. “Ahora está empezando a preguntarse si habrá algún avance en absoluto”. El analista habló bajo condición de anonimato porque no estaba autorizado a comentar públicamente.
Más allá del petróleo, la estabilidad regional en general está en juego. La discordia interna de Irán debilita su capacidad para proyectar una política exterior coherente, lo que a su vez envalentona a los adversarios y desestabiliza a los aliados. Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, ambos socios clave de EE.UU., han observado la lucha interna con preocupación, temiendo que un Irán distraído pueda actuar a través de sus proxies en Yemen, Irak o Líbano.
Qué significa un proceso estancado
Si las divisiones internas impiden conversaciones significativas, el statu quo persistirá: Irán continúa enriqueciendo uranio más allá de los límites acordados, EE.UU. mantiene sus sanciones de máxima presión y la región sigue al borde del abismo. Ese escenario ya se está desarrollando. El Organismo Internacional de Energía Atómica informó el mes pasado que el stock de uranio enriquecido de Irán ha crecido, aunque los inspectores aún tienen acceso a los sitios declarados.
Para EE.UU., la falta de una contraparte iraní unificada complica cualquier estrategia de negociación. Washington ha dicho que prefiere una solución diplomática, pero no ha descartado otras opciones. Sin un socio negociador creíble en Teherán, EE.UU. podría verse obligado a aceptar una erosión lenta de sus objetivos de no proliferación o a aumentar la presión, pasos que podrían desestabilizar aún más la región.
Preguntas sin respuesta
La mayor incógnita es si el líder supremo de Irán, que tiene la última palabra en la política nuclear, se pondrá del lado de los halcones o dará a los moderados espacio para dialogar. Sus declaraciones públicas han sido ambiguas, instando tanto a la resistencia como a la flexibilidad. Hasta que aclare su posición, las divisiones internas seguirán bloqueando el progreso.
Mientras tanto, la próxima ronda de conversaciones indirectas, si ocurre, no tiene fecha. Los mediadores europeos están esperando una señal de Teherán. Esa señal podría no llegar hasta que se resuelva la lucha de poder interna de Irán, un proceso que podría llevar meses. Para los mercados y las potencias regionales, esa espera es el verdadero riesgo.




