Tailandia está impulsando la aceleración de un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, confirmó el gobierno, mientras Bangkok busca ampliar sus alianzas económicas y reducir su exposición a las políticas arancelarias de Estados Unidos.
Por qué la prisa por el acuerdo con la UE
Durante años, la estrategia comercial de Tailandia dependió en gran medida del mercado estadounidense. Pero los cambios en la política arancelaria de EE. UU., tanto bajo las administraciones de Trump como de Biden, han hecho que esa dependencia parezca una apuesta arriesgada. La UE, en cambio, ofrece un mercado enorme y relativamente estable. Acelerar las negociaciones del TLC es una señal clara: Bangkok quiere opciones.
Las negociaciones entre Tailandia y la UE se han prolongado de forma intermitente desde 2013, estancadas por la agitación política en Bangkok y los desacuerdos sobre normas laborales y medioambientales. Ahora el gobierno tailandés afirma que está listo para avanzar más rápido. Aunque no se ha fijado un nuevo cronograma, los funcionarios han indicado que quieren cerrar los capítulos clave este año.
Lo que está en juego para los exportadores tailandeses
Tailandia envía automóviles, productos electrónicos, bienes agrícolas y maquinaria a la UE. Sin un acuerdo, esos productos enfrentan aranceles que pueden superar el 10%, un costo que hace que los bienes tailandeses sean menos competitivos frente a rivales como Vietnam, que ya tiene un pacto comercial con la UE. Un acuerdo de libre comercio reduciría esos aranceles, especialmente para los automóviles y autopartes, un sector que emplea a cientos de miles de tailandeses.
Asimismo, las empresas europeas que miran hacia el sudeste asiático obtendrían un acceso más fácil a la base de consumidores de 70 millones de personas de Tailandia y a su papel como centro de fabricación para cadenas de suministro que se extienden desde China hasta la India.
La ansiedad arancelaria impulsa el cronograma
El impulso acelerado no ocurre en el vacío. Washington ha impuesto aranceles al acero y al aluminio, ha amenazado con aranceles al camarón tailandés y ha mantenido una lista de vigilancia sobre las prácticas de propiedad intelectual. Para un país donde las exportaciones representan aproximadamente dos tercios del PIB, ese tipo de imprevisibilidad perjudica. Diversificar los socios comerciales, especialmente hacia la UE, Japón y el Reino Unido, es un pilar central del plan de resiliencia económica del gobierno.
«No podemos poner todos los huevos en la misma cesta», declaró un funcionario comercial tailandés en un comunicado. «La UE es una prioridad».
Quedan obstáculos reales
Incluso con voluntad política, el acuerdo enfrenta negociaciones difíciles. Europa exige compromisos más sólidos en materia de derechos laborales, contratación pública y normas medioambientales, especialmente en lo que respecta al aceite de palma y la pesca, donde Tailandia ha sido criticada. Las industrias nacionales tailandesas, en particular los agricultores de arroz y azúcar, temen la competencia de productores europeos más eficientes. Y los grupos de derechos humanos han instado a la UE a condicionar cualquier acuerdo a reformas democráticas en Tailandia.
No se ha anunciado un cronograma para la conclusión de las negociaciones. Hasta que se firme el texto final, la dependencia de Tailandia de los aranceles estadounidenses solo está medio diversificada.




