La economía de China creció a su ritmo más débil en tres años durante el segundo trimestre, una desaceleración que intensifica la presión sobre Pekín para que implemente más flexibilización monetaria y estímulos fiscales. Los nuevos datos, publicados el viernes, mostraron que el producto interno bruto se expandió a una tasa anual que no alcanzó las expectativas, marcando el trimestre más lento desde principios de 2020. Esta cifra repercute en los mercados globales, donde los inversores habían apostado por una recuperación sostenida de China para apuntalar la demanda de materias primas y productos manufacturados.
Mínimo de tres años en cifras
El PIB del segundo trimestre se situó en un mínimo de tres años, según cifras oficiales. Esto coloca a la segunda economía más grande del mundo en una posición más débil que en cualquier momento desde la primera ola de la pandemia. La desaceleración se produce a pesar de una serie de medidas de apoyo a principios de año, incluido un recorte de los requisitos de reservas bancarias y programas de préstamos específicos. Los analistas esperaban que la economía tocara fondo en el segundo trimestre; en cambio, los datos sugieren que la recuperación está perdiendo impulso.
La producción industrial y las ventas minoristas no alcanzaron las previsiones de junio, lo que se suma al panorama de debilidad generalizada. El sector inmobiliario, durante mucho tiempo motor del crecimiento, sigue sumido en una profunda recesión. Las finanzas de los gobiernos locales están tensas, lo que limita su capacidad de gasto. La combinación deja pocos puntos brillantes.
Presión sobre los responsables políticos para actuar
Las débiles cifras de crecimiento presionan directamente a los responsables políticos para que implementen más flexibilización monetaria y estímulos fiscales. El Banco Popular de China tiene margen para recortar las tasas de interés o reducir nuevamente el coeficiente de reservas. En el ámbito fiscal, Pekín podría acelerar la emisión de bonos para proyectos de infraestructura o ampliar las exenciones fiscales para las empresas. Pero hasta ahora, los funcionarios se han mostrado cautelosos, preocupados por avivar la deuda o la inflación. Los datos podrían forzar su mano.
Los inversores están atentos a las señales de la próxima reunión del Politburó, donde los altos dirigentes suelen fijar la agenda económica para la segunda mitad del año. Cualquier anuncio de nuevos estímulos probablemente mejoraría el ánimo, pero la magnitud y el momento siguen siendo inciertos.
Cambian las expectativas del mercado global
Los datos económicos impactan las expectativas del mercado global. China es el mayor importador mundial de petróleo, cobre, mineral de hierro y muchos productos agrícolas. Una economía más lenta de lo esperado significa una demanda más débil de esos productos básicos, lo que ya ha pesado sobre los precios. Las monedas de mercados emergentes vinculadas a la demanda china también se han debilitado. Mientras tanto, las cadenas de suministro globales que dependen de las fábricas chinas podrían ver una reducción en los pedidos.
Para otros bancos centrales, una economía china más débil podría reducir las presiones inflacionarias derivadas de los precios de las materias primas, pero también nubla las perspectivas de crecimiento global. El Fondo Monetario Internacional recortó recientemente su pronóstico mundial, citando la desaceleración de China como un factor clave.
La pregunta ahora es si Pekín responderá con estímulos agresivos o mantendrá su enfoque cauteloso. Las cifras del segundo trimestre hacen que la decisión sea más urgente, pero el camino a seguir está lejos de ser claro.




