Pekín sigue adelante con las compras de crudo iraní a pesar de las sanciones de Estados Unidos, un desafío directo a la política de Washington apenas unas semanas antes de que se espera que el presidente Donald Trump visite China. El movimiento amenaza con eclipsar las conversaciones sobre comercio y otros temas clave.
Por qué importa el momento
La visita de Trump estaba destinada a reajustar una relación tensada por aranceles y disputas tecnológicas. Pero el continuo comercio petrolero de China con Irán introduce un nuevo punto de conflicto. EE.UU. ha impuesto sanciones destinadas a cortar los ingresos petroleros de la República Islámica, y el desafío de Pekín señala que está dispuesto a probar los límites de la aplicación estadounidense. Para Washington, el momento no podría ser peor: la visita es un esfuerzo diplomático de alto riesgo, y cualquier aparente indulgencia en las sanciones debilitaría la postura de la administración.
El régimen de sanciones
Las sanciones de EE.UU. al petróleo iraní están diseñadas para estrangular la economía de Teherán y frenar sus actividades nucleares y regionales. China es el mayor importador de crudo del mundo y ha sido durante mucho tiempo el mayor cliente de Irán. Al continuar comprando, Pekín socava toda la política. La administración Trump ha advertido a los infractores reincidentes que podrían enfrentar sanciones secundarias, incluido ser excluidos del sistema financiero estadounidense. Pero las refinerías estatales chinas siguen recibiendo entregas, según datos de seguimiento de buques e informes comerciales. El volumen sigue siendo sustancial, aunque los gobiernos no confirman públicamente las cifras exactas.
La administración Trump aún no ha anunciado nuevas medidas específicas para las compras de petróleo de China. Pero se espera que el tema esté en la agenda cuando el presidente se reúna con los líderes chinos en Pekín. Si Washington exigirá un alto, ofrecerá una exención o intensificará la aplicación sigue siendo una pregunta abierta. Una cosa está clara: el desafío de Pekín prepara el escenario para una conversación tensa.



