La Comisión Europea se ha comprometido a adoptar una postura más firme en el comercio con China después de que el déficit comercial del bloque con Pekín se disparara hasta los 360.000 millones de euros. Esta cifra, un récord histórico, ha intensificado la presión sobre Bruselas para que proteja a las industrias europeas de lo que los funcionarios describen como una relación comercial cada vez más desequilibrada.
La magnitud de la brecha
La vasta base manufacturera de China y su creciente dominio en sectores clave como los vehículos eléctricos, los paneles solares y las baterías han profundizado la dependencia de la UE de las importaciones. Europa envía muchos menos bienes y servicios a China de los que compra, creando un abismo que ha crecido de forma constante durante la última década. El déficit de 360.000 millones de euros no es un pico repentino, pero la escala es ahora difícil de ignorar para los responsables políticos.
Las empresas europeas se han quejado durante mucho tiempo del acceso restringido al mercado en China, las transferencias forzadas de tecnología y las subvenciones estatales que otorgan una ventaja a los rivales chinos. La cifra del déficit captura solo el comercio de bienes y servicios; no incluye el valor de las inversiones o los servicios digitales, donde los desequilibrios pueden ser aún mayores.
Lo que promete la Comisión
La Comisión Europea, el brazo ejecutivo de la UE, afirmó que buscará una acción más contundente para abordar el desequilibrio. Esto incluye utilizar las herramientas de defensa comercial existentes de forma más agresiva y presionar para lograr un acceso recíproco al mercado chino. La promesa llega después de años de esfuerzos diplomáticos que dieron resultados limitados.
Los funcionarios en Bruselas han estado debatiendo si imponer aranceles a los vehículos eléctricos chinos, siguiendo una medida similar de Estados Unidos. La Comisión también ha iniciado una investigación antisubvenciones a los fabricantes chinos de paneles solares. Aunque no se anunciaron medidas nuevas específicas junto con la cifra del déficit, el lenguaje de la Comisión señala un cambio de tono: del compromiso a la confrontación.
Para los fabricantes europeos, especialmente en las industrias automotriz y de energías renovables, el déficit comercial es más que una estadística. Refleja pérdidas de ventas tanto en el país como en el extranjero. Los fabricantes de automóviles alemanes, por ejemplo, enfrentan una fuerte competencia de las marcas chinas tanto en China como en Europa. Los exportadores franceses e italianos de artículos de lujo, por el contrario, se benefician de las fuertes ventas a los consumidores chinos, pero esas ganancias se concentran en unos pocos sectores.
La preocupación más amplia es que la base industrial de Europa podría erosionarse si la brecha comercial continúa ampliándose. Los fabricantes de acero, productos químicos y maquinaria han visto reducir su participación en el mercado chino. La promesa de la Comisión de una acción más dura pretende señalar que no permitirá que el desequilibrio crezca sin control.
Pero la UE también depende de China como fuente de minerales de tierras raras, baterías y otros componentes críticos para su transición ecológica. Cualquier disputa comercial corre el riesgo de interrumpir esas cadenas de suministro. Bruselas tendrá que equilibrar su deseo de proteger la industria europea con la necesidad de mantener las importaciones esenciales.
Lo que viene después no está claro. La Comisión no ha establecido un cronograma para nuevas medidas. Se espera que el comisario de Comercio, Valdis Dombrovskis, plantee el tema en las próximas reuniones con funcionarios chinos. Los estados miembros del bloque siguen divididos sobre hasta dónde llegar: algunos quieren aranceles más duros, otros temen represalias. El déficit de 360.000 millones de euros hace que el debate sea más difícil de evitar.




